jueves, 23 de marzo de 2017

QUIEN PARECE TONTO, NO SIEMPRE LO ES

Se cuenta que en un pueblo, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 céntimos  y otra de menor tamaño, pero de 1 Euro. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había observado que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió:
Lo sé, no soy tan tonto, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como una simple burla, pero una  conclusión interesante que podemos sacar es:

 Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo.

miércoles, 1 de marzo de 2017

CAZAR MONOS
Los cazadores de monos han inventado un método genial e infalible para capturarlos.
Una vez descubierto el lugar donde suelen juntarse, entierran en el suelo unas vasijas de cuello largo y estrecho. Recubren las vasijas con tierra, dejando sólo la embocadura a ras de la hierba.
Luego meten en las vasijas unos puñados de arroz y otras bayas que les gustan mucho a los
monos.
Cuando se retiran los cazadores, los monos vuelven. Como son curiosos por naturaleza,
examinan las vasijas y cuando se dan cuenta de las golosinas que encierran, introducen sus
manos y agarran un buen puñado de arroz y de bayas, cuanto más grande mejor.

Pero el cuello de las vasijas es muy estrecho. La mano vacía penetra fácilmente, pero cuando está llena no puede salir.
En ese momento salen los cazadores y los capturan fácilmente, porque, aunque se resisten
mucho, no les viene la más mínima idea de abrir la mano y abandonar lo que aprietan en el puño.
Bruno Ferrero.
“El canto del grillo”, p. 57

Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas les hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener.  Hermann Hesse